jueves, 8 de agosto de 2013

CUENTOS E HISTORIAS PARA LA CULTURA. La historia de este día viernes 9 de agosto del 2013.



Amigas y amigos.

Este mes de agosto trae a la memoria la caída de la ciudad de Tenochtitlan en las manos de los invasores españoles. Lo que algunos llaman “El choque de dos culturas” estuvo preñado de horrores, sangre, matanzas, abusos y ambiciones desmedidas por parte de los invasores españoles y su gobierno imperial. La contraparte, historias de heroísmo, de ejemplos de miles de niños, niñas, ancianos, ancianas, mujeres y hombres que defendieron esta ciudad hasta  el último suspiro.

Les envío un extracto de esta historia de resistencia y de la batalla del 9 de agosto de 1521, la cual he denominado La Batalla de la Xiuhcoatl. Toda esta la  narro en nuestro CD  “Historias de Nuestros Abuelos”. Espero les guste. Un abrazo. 

La Batallade la Xiuhcoatl.

En el mes de julio Cortés diseñó una nueva estrategia de ataque. La experiencia había demostrado que las casas y edificios  de la ciudad  nos ofrecían protección a los guerreros tenochcas. En adelante, los españoles y sus aliados no dejarían construcción en pie y no dejarían todos los canales abiertos para que por ahí circularan  las canoas. Arrasarían nuestra  ciudad.

La tarea de demolición fue sistemática y en ella  participaron cienmil indígenas aliados que portaban picas y hachas de piedra. Los escombros servían para cegar fosas y canales.

La hambruna se había apoderado de la población.  No bebíamos  agua limpia, sino agua de salitre. Muchos hombres murieron, todo lo que comíamos eran lagartijas, golondrinas, la envoltura de las mazorcas, la grama salitrosa. Andábamos  masticando semillas de colorín, lirios acuáticos y rellenos de construcción y cuero y piel de venado. Poco a poco nos fueron repegando a la pared.

Los aztecas  caminábamos por las calles sobre nuestros  hermanos muertos  o dormíamos junto a ellos. Un terrible hedor envolvía el islote.

Hacia el 27 de julio, el ejército azteca se encontraba sitiados en el centro cívico y en algunos barrios de Tlatelolco, que constituían  la octava parte del islote.

Cuauhtémoc siempre rechazó todas las ofertas de rendición y negociación de capitulación. Los aztecas pasábamos  los días aguzando estacas,recogiendo piedras, guardando un poco de agua de lluvia. Dormíamos en canoas o a cielo abierto. Nuestras mujeres participaban también en la lucha de defensa de la ciudad.Nuestros niños y  ancianos seguían lanzando piedras desde las azoteas y cuando ya no tenían que lanzar se arrojaban ellos mismos sobre los invasores, en un intento por darles muerte con el impacto de su cuerpo.

El 9 de agosto  se celebró una conferencia urgente  de Cuauhtémoc con sus consejeros. Aunque todos sabíamos que el fin ya estaba próximo, decidimos  hacer un último esfuerzo, echar mano de un recurso supremo; lanzar contra el enemigo La xiuhcoatl, La serpiente de fuego  conque Huitzilopochtli,  el Sol ponía en fuga diariamente a la Luna y las estrellas.

La Xiuhcoatl era  una lanza de grandes proporciones que los aztecas atesorábamos entre nuestras reliquias más preciadas. Según las tradiciones, esta arma tenía poderes mágicos para destruir a cualquier enemigo,pero sólo debía usarse en casos extremos. Escogimos para  lanzarla a un valiente guerrero llamado Opochtzin. Para darle mayor solemnidad al acto, Opochtzin fue revestido con las ropas de Tecolote  de Quetzal   que habían pertenecido a Ahuítzotl, padre de Cuauhtémoc.

Cuauhtémoc dijo al guerrero;

"Esta insignia era la propia del gran capitán que fue  mi padre Ahuítzotl. Llévatelas, póntela y con ella espanta, con ella aniquila a nuestros enemigos. Véanla nuestros enemigos y queden asombrados.

Acompañado de cuatro guerreros que le servían de resguardo, Opochtzin hizo su  aparición en el campo de batalla. Cuando lo vieron los enemigos fue como si se derrumbara un cerro. Mucho se espantaron todos; los llenó de pavor, como si sobre la insignia vieran otra cosa. Subió  a la azotea, y cuando lo vieron algunos de nuestros enemigos luego se dispusieron a atacarlo. Pero otra vez los hizo retroceder, los  persiguió.

Muchos indígenas del bando cristiano quedaron desconcertados, pensaron que los acosaba un fantasma, el más temible de los monarcas aztecas resucitado para salvar a su pueblo. Muchos abandonaron despavoridos el campo de batalla. Los españoles hicieron frente a Opochtzin  y varios de ellos cayeron prisioneros. Todavía al día siguiente los indígenas del bando cristiano estabantan asustados que nadie combatió.

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